¿Estimulación temprana o sobreestimulación? Cómo saber qué necesita realmente tu bebé
En la Clínica Verónica Fabado acompañamos en el neurodesarrollo desde el nacimiento y durante toda la infancia y las preguntas sobre la estimulación sensorial son muy frecuentes. ¿Qué podemos hacer en casa?
Cuando hablamos de neurodesarrollo infantil, es habitual escuchar que los bebés necesitan ser estimulados para desarrollar al máximo sus capacidades. Aparecen actividades, juegos, ejercicios, tarjetas, música, luces, juguetes educativos y todo tipo de propuestas pensadas para favorecer su desarrollo.
Pero entonces surge una pregunta muy frecuente entre madres y padres:
¿Cuánta estimulación necesita realmente un bebé?
La respuesta puede sorprendernos: un bebé no necesita estar constantemente estimulado. De hecho, aprender a observar sus señales, respetar sus ritmos y ofrecerle oportunidades adecuadas para moverse, explorar y relacionarse puede ser mucho más importante que llenar su día de actividades.
En este artículo vamos a explicar qué entendemos por estimulación temprana, qué significa sobreestimular a un bebé y cómo podemos acompañar su desarrollo de una forma respetuosa.
¿Qué es la estimulación temprana?
La estimulación temprana engloba aquellas experiencias y actividades que ofrecen al bebé oportunidades para desarrollar sus capacidades motoras, cognitivas, sensoriales, comunicativas y sociales.
Pero estimular no significa hacer ejercicios constantemente.
La vida cotidiana ya ofrece innumerables oportunidades de aprendizaje.
Mirar a los padres, seguir un objeto con la mirada, tocar diferentes texturas, escuchar una voz, moverse libremente en el suelo, agarrar un juguete, llevarse las manos a la boca o intentar alcanzar un objeto son experiencias que forman parte del desarrollo.
Por eso, cuando hablamos de estimulación temprana, es importante cambiar la idea de:
«Tengo que enseñarle cosas a mi bebé.» por: «Voy a ofrecerle oportunidades para que pueda descubrirlas por sí mismo.»
¿Un bebé necesita ejercicios todos los días?
No necesariamente.
En ocasiones los padres sienten que deberían realizar con su bebé una lista de ejercicios para conseguir que se siente, gatee, camine o alcance determinados hitos.
Sin embargo, el desarrollo motor no funciona como una carrera en la que tengamos que conseguir que el bebé alcance cada habilidad cuanto antes.
El movimiento espontáneo y el juego libre son fundamentales.
Un bebé necesita tiempo para estar en diferentes posiciones, explorar su entorno y experimentar con su propio cuerpo.
Por ejemplo, en lugar de colocar continuamente a un bebé en una determinada postura para que aprenda a sentarse, podemos ofrecerle tiempo suficiente en el suelo para que desarrolle progresivamente las habilidades necesarias para llegar a esa posición.
¿Qué es la sobreestimulación?
La sobreestimulación ocurre cuando las experiencias sensoriales o las demandas que recibe un bebé superan su capacidad para procesarlas y regularse en ese momento.
Un bebé pequeño tiene una capacidad limitada para gestionar simultáneamente diferentes estímulos.
Imaginemos una habitación con música, juguetes con luces y sonidos, varias personas hablando y un adulto intentando llamar continuamente su atención.
Aunque cada estímulo por separado pueda ser perfectamente adecuado, la combinación y la intensidad pueden resultar excesivas para ese bebé en ese momento.
La sobreestimulación no significa que jugar, hablar o interactuar con nuestro bebé sea perjudicial. El problema aparece cuando no respetamos sus señales y seguimos ofreciendo estímulos cuando necesita reducirlos.
¿Cómo saber si mi bebé está sobreestimulado?
Cada bebé es diferente y una señal aislada no significa necesariamente que exista sobreestimulación.
Sin embargo, podemos observar algunos cambios en su comportamiento:
- Aparta la mirada o evita el contacto visual.
- Gira la cabeza repetidamente.
- Se muestra irritable o empieza a llorar.
- Se mueve de forma más brusca o desorganizada.
- Parece incapaz de concentrarse en un juguete o actividad.
- Se arquea o intenta alejarse.
- Bosteza o muestra signos de cansancio.
- Se lleva las manos a la cara.
- Tiene dificultades para calmarse después de una actividad.
- Pasa rápidamente de estar tranquilo a estar muy irritable.
Estas señales no deben interpretarse de forma aislada. Un bebé puede apartar la mirada porque está cansado, tener hambre o simplemente necesitar un descanso.
Lo importante es observar el conjunto de señales y el contexto.
¿Cómo diferenciar estimulación de sobreestimulación?
Una buena pregunta que podemos hacernos es: “¿Mi bebé está disfrutando de la interacción o estoy intentando mantener su atención cuando ya me está diciendo que necesita parar?”
Durante una actividad podemos observar su comportamiento.
Señales de que tu bebé está disfrutando
El bebé puede mostrarse tranquilo, interesado y atento. Puede mirar hacia el juguete, intentar tocarlo, vocalizar, sonreír o buscar nuevamente la interacción.
En ese caso podemos continuar unos minutos más.
¿Cómo estimular a un bebé sin sobreestimularlo?
No necesitamos llenar el día de actividades. Podemos aprovechar situaciones cotidianas.
- Tiempo de movimiento libre
Siempre que las circunstancias lo permitan, ofrecer al bebé momentos para moverse libremente en un espacio seguro.
El suelo es un lugar fantástico para explorar.
En función de su edad y desarrollo, podrá mover brazos y piernas, girarse, alcanzar objetos, cambiar de posición y descubrir progresivamente nuevas formas de desplazamiento.
Si el bebé todavía no alcanza la posición de boca abajo por si mismo, debemos ponerlo boca abajo nosotros, cuando esté despierto y jugando. Los bebés no suelen iniciar el volteo de boca arriba a boca abajo hasta los 5 meses, pero pasar tiempo boca abajo mientras está despierto es muy importante, sobre todo a partir de los dos meses. Practicar esta posición (tummy time) tiene grandes ventajas para su neurodesarrollo.
- Mover al bebé: Bailar, acunarlo, hacer “el avioncito”, mover al bebé en diferentes direcciones del espacio, estimulan y hacen madurar el sistema vestibular del bebé.
- Hablar con el bebé
Hablarle, cantarle, responder a sus sonidos y mantener contacto visual son experiencias muy valiosas.
La interacción con los adultos es uno de los estímulos más importantes durante los primeros meses.
- Ofrecer pocos juguetes
Más juguetes no significa necesariamente más aprendizaje.
Podemos ofrecer uno o dos objetos adecuados para su edad y permitir que los explore.
Un objeto sencillo puede proporcionar muchas experiencias: tocarlo, agarrarlo, golpearlo, cambiarlo de mano, llevárselo a la boca o intentar desplazarse para alcanzarlo.
- Estimulación visual: podemos poner distintos objetos a los lados del bebé, tanto si está boca arriba como boca abajo y podemos moverlos para que los sigan con la mirada. También podemos utilizar patrones de alto contraste para lograr su atención. Estos patrones son láminas con dibujos geométricos en blanco y negro, a veces también se incluye el rojo. Al bebé le llama mucho la atención porque al principio lo que mejor ven son figuras que destacan mucho de su fondo.
- Respetar sus tiempos
No todos los bebés quieren jugar en todo momento.
Si acaba de comer, tiene sueño o está cansado, probablemente no sea el momento adecuado para realizar una actividad.
Observar al bebé es más importante que cumplir una rutina de estimulación.
- No intentar adelantar los hitos motores
No necesitamos enseñar a caminar a un bebé que todavía está desarrollando el control del tronco.
Tampoco necesitamos sentarlo constantemente si todavía no ha adquirido esa habilidad por sí mismo. El desarrollo motor se construye progresivamente.
Nuestro papel consiste principalmente en proporcionar un entorno seguro y oportunidades para explorar.
¿La estimulación temprana puede ser perjudicial?
La estimulación adecuada no es perjudicial. El problema puede aparecer cuando confundimos estimulación con una intervención constante.
Es importante evitar la presión por conseguir que un bebé alcance determinadas habilidades antes de tiempo.
También debemos tener cuidado con las comparaciones:
«El bebé de mi amiga ya se sienta”. «Su hijo ya gatea.» «El mío todavía no hace eso.»
El desarrollo infantil presenta una importante variabilidad individual.
Por eso, más que preguntarnos constantemente si nuestro bebé va «por delante» o «por detrás», debemos observar cómo está evolucionando y cómo utiliza sus capacidades.
¿Cuándo consultar con un fisioterapeuta pediátrico?
No debemos esperar a que exista un problema importante para pedir orientación.
Un fisioterapeuta pediátrico puede valorar el desarrollo motor del bebé, observar cómo se mueve y detectar posibles asimetrías o dificultades que puedan beneficiarse de un acompañamiento temprano.
Puede ser recomendable consultar si observamos, por ejemplo:
- Una clara preferencia por girar la cabeza siempre hacia el mismo lado.
- Dificultades para mantener la cabeza en la línea media.
- Asimetrías importantes en el movimiento.
- Poco movimiento espontáneo.
- Dificultad para realizar determinadas transiciones.
- Una evolución motora que genera preocupación a la familia.
- Pérdida de habilidades que previamente había adquirido.
Y, por supuesto, cualquier pérdida de habilidades adquiridas o preocupación importante sobre el desarrollo debe ser valorada por el pediatra y, cuando corresponda, por otros profesionales especializados.
Estimular no significa hacer más. Significa ofrecer las experiencias adecuadas en el momento adecuado y respetar las señales del bebé.
La fisioterapia pediátrica puede acompañar a las familias cuando existen dudas sobre el desarrollo motor, asimetrías o dificultades específicas, pero el objetivo no es acelerar el desarrollo: es favorecer que cada bebé pueda desarrollar sus capacidades de la manera más funcional y respetuosa posible.
En la Clínica Verónica Fabado tenemos una larga experiencia en el acompañamiento del desarrollo en la infancia. Puedes consultarnos ante cualquier duda.
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