¿Debemos darle la mano a nuestro bebé para ayudarle a caminar?

 

Uno de los momentos más esperados por las familias es ver al bebé dar sus primeros pasos. En ese entusiasmo, es frecuente ver a adultos que toman al bebé por las manos para “enseñarle a caminar”, incluso antes de que el niño se haya puesto de pie por sí solo. Aunque esta práctica es muy común, desde la perspectiva del neurodesarrollo y la fisioterapia pediátrica, puede interferir en el desarrollo motor natural del niño.

 

La marcha: un proceso neuromotor complejo y progresivo

Caminar no es una habilidad que se enseña directamente: es una consecuencia natural del desarrollo motor, que se construye sobre la base de otras habilidades previas como:

  • Control cefálico
  • Volteo
  • Gateo (u otras formas de desplazamiento autónomo)
  • Sedestación estable
  • Incorporación a la bipedestación de forma activa
  • Equilibrio estático y dinámico

Cada uno de estos hitos fortalece la musculatura, el equilibrio, la integración sensorial y la coordinación que el bebé necesita para caminar por sí mismo.

 

¿Qué ocurre cuando damos la mano al bebé para que camine antes de tiempo?

Cuando un adulto sostiene al bebé de las manos y lo anima a caminar:

Se adelanta el proceso de maduración neuromotora

El bebé se ve obligado a adoptar una postura erguida sin haber desarrollado aún el equilibrio, la fuerza y el control postural necesarios.

Se altera la biomecánica natural de la marcha

El bebé camina con los brazos elevados («en alto»), lo que modifica el patrón de marcha, cambia el centro de gravedad, impide la oscilación normal de los brazos y desequilibra el tronco y la pelvis.

Se genera dependencia postural

En lugar de aprender a caer, corregirse y adaptarse, el bebé espera el apoyo externo del adulto, lo que puede demorar la adquisición de una marcha autónoma segura.

Se sobrecarga el sistema musculoesquelético

Se pueden generar compensaciones (hiperlordosis, marcha en puntillas, tensión en la espalda o en las caderas) al sostener el cuerpo en una posición que aún no es natural para él.

 

Lo que sí se recomienda: cómo estimular la marcha de forma respetuosa

En cambio, sí que podemos recomendar una serie de acciones que ayudarán a estimular la marcha de manera respetuosa.

Favorecer el movimiento libre en el suelo

  • Permitir que el bebé explore libremente en espacios seguros.
  • Usar alfombras o superficies firmes (evitar andadores o colchonetas muy blandas).
  • Estimular el gateo y otras formas de desplazamiento autónomo, sin apurar el paso a la bipedestación.

Propiciar la autonomía

  • Dejar que el bebé se incorpore a la posición de pie por sí solo, sujetándose de muebles estables.
  • Acompañar con presencia, sin intervenir directamente en su movimiento.

Estimular la marcha lateral

Cuando el bebé consigue mantenerse de pie apoyado en una mesa de su altura podemos ponerle juguetes para que juegue de pie. Cuando haya afianzado su postura de pie le podemos poner objetos algo alejados del bebé para motivar que se desplace hacia ellos. Poco a poco adquirirá un desplazamiento en marcha lateral que será la antesala de la marcha

Respetar el ritmo individual del bebé

  • Algunos bebés caminan a los 10 meses, otros a los 18: ambos son desarrollos normales.
  • Lo importante no es cuándo camina, sino que lo haga de forma autónoma, segura y funcional.

 

El papel de la fisioterapia pediátrica en el desarrollo de la marcha

La fisioterapia pediátrica promueve un desarrollo motor armonioso, detecta posibles alteraciones tempranas y orienta a las familias en el acompañamiento del bebé.

En la Clínica de Fisioterapia y Osteopatía Verónica Fabado estamos especializados en neurodesarrollo y aconsejamos una

  • Evaluar si el desarrollo motor está progresando adecuadamente
  • Sugerir actividades para fortalecer el equilibrio, la coordinación y la fuerza muscular
  • Asesorar sobre posturas, porteo y ambientes adecuados para el movimiento libre
  • Detectar signos de alerta como hipotonía, hipertonía o asimetrías que puedan interferir en la marcha

Conclusión

Dar la mano al bebé para que camine puede parecer un gesto de ayuda, pero en realidad puede interferir en su desarrollo neuromotor. Respetar el ritmo del niño, permitirle explorar, y confiar en su capacidad innata para caminar por sí solo son claves fundamentales. Desde la fisioterapia y el enfoque del neurodesarrollo, el objetivo no es adelantar etapas, sino favorecer una marcha autónoma, segura y bien integrada.

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